Vertebra cervical atlas y axis

Vértebras cervicales típicas

En los tetrápodos, las vértebras cervicales (en singular: vértebra) son las vértebras del cuello, inmediatamente por debajo del cráneo. Las vértebras troncales (divididas en vértebras torácicas y lumbares en los mamíferos) se sitúan en la parte caudal (hacia la cola) de las vértebras cervicales[1] En las especies de saurópsidos, las vértebras cervicales llevan costillas cervicales. En los lagartos y dinosaurios saurisquios, las costillas cervicales son grandes; en las aves, son pequeñas y están completamente fusionadas a las vértebras. Las apófisis transversas de los mamíferos son homólogas a las costillas cervicales de otros amniotas[1][cita requerida] La mayoría de los mamíferos tienen siete vértebras cervicales, con las únicas tres excepciones conocidas: el manatí con seis, el perezoso de dos dedos con cinco o seis y el perezoso de tres dedos con nueve[2][3].
En los seres humanos, las vértebras cervicales son las más pequeñas de las verdaderas vértebras y pueden distinguirse fácilmente de las torácicas o lumbares por la presencia de un foramen (agujero) en cada apófisis transversal, a través del cual pasan la arteria vertebral, las venas vertebrales y el ganglio cervical inferior. El resto de este artículo se centra en la anatomía humana.

Movimiento de atlas y ejes

Hay 33 vértebras en tu columna vertebral. ¿O son 24? No importa: ambos números son correctos. Naces con 33 vértebras, pero el sacro y el cóccix se fusionan con el resto de la columna vertebral, por lo que son 24 cuando eres adulto.
De esas 24 (sin contar el sacro y el coxis), dos vértebras tienen la suerte de tener nombre. El atlas (C01) y el axis (C02) son dos de las vértebras más importantes de la columna vertebral. Sin ellas, el movimiento de la cabeza y el cuello sería imposible. El atlas y el axis son los dos huesos más superiores de la columna vertebral y forman parte de las siete vértebras cervicales. El atlas es el hueso más superior, situado justo debajo del cráneo; le sigue el axis. Juntos sostienen el cráneo, facilitan el movimiento del cuello y protegen la médula espinal. (Piense en ellos como amigos íntimos: no encontrará uno sin el otro).
A diferencia de las demás vértebras, el atlas no tiene una apófisis espinosa. En su lugar, tiene forma de anillo y consta de un arco anterior y otro posterior, así como de dos masas laterales. Las apófisis transversas (las protuberancias óseas situadas a ambos lados del anillo) sirven como puntos de unión de los músculos que ayudan a girar la cabeza. Los forámenes (los agujeros) dan paso a la arteria y la vena vertebrales.

Vértebra atlas

Las vértebras cervicales abarcan la distancia desde la base del cráneo hasta justo por encima de la primera costilla. Llamadas comúnmente C1 a C7 (numeradas de arriba a abajo según su ubicación en la columna cervical), la mayoría de estos huesos siguen el esquema estructural básico de las demás vértebras de la columna. Sin embargo, C1, C2 y C7 -también conocidas como atlas, eje y vértebras prominentes- son distintas en cuanto a su estructura y función y merecen un examen más detallado.
El C1 recibe el nombre de “atlas” en honor al Titán condenado a sostener el cielo por la eternidad (aunque la mayoría de las esculturas lo muestran sosteniendo la Tierra). Acertadamente, este hueso se sitúa inmediatamente debajo y sostiene el cráneo. Más allá del soporte craneal, la articulación de los cóndilos occipitales con las superficies articulares superiores permite inclinar la cabeza hacia delante y hacia atrás, como cuando se asiente. El atlas no tiene apófisis espinosas y también tiene un agujero vertebral de forma inusual para facilitar su articulación única con C2 (Figura 2, C1 – Atlas).
El C2 se denomina “eje” porque permite la rotación de la cabeza alrededor de un eje longitudinal con rotación a la izquierda y a la derecha como cuando se sacude la cabeza “no” (Figura 2, C2 – Eje). Para lograr esta hazaña, el eje tiene una característica única entre las vértebras: la densa (o apófisis odontoides). La densa se proyecta hacia arriba en la parte más anterior del agujero vertebral del atlas. Un ligamento atraviesa el agujero justo por detrás de la madriguera, impidiendo que ésta penetre en la médula espinal. Por lo tanto, como el cráneo se asienta sobre el atlas y el atlas se asienta sobre la guarida, podemos girar la cabeza hacia un lado con el eje sirviendo como punto de pivote. Las superficies articulares superiores del axis y las superficies articulares inferiores del atlas permiten que las estructuras se deslicen entre sí (figura 3).

Vértebras del atlas y del axis

El atlas y el axis sostienen la cabeza en la parte inferior de la columna vertebral cervical, a la vez que proporcionan una considerable movilidad en flexión, extensión, rotación y flexión lateral. Las dos primeras vértebras también funcionan como conductos para la médula cervical y las arterias vertebrales. Por lo tanto, las lesiones del atlas y del axis pueden causar inestabilidad con pérdida de apoyo e invasión de la médula superior y de las arterias vertebrales, o, con menos frecuencia, rigidez con movimiento restringido. Las lesiones congénitas de la columna occipito-cervical, como la occipitalización del atlas o las vértebras occipitales accesorias, pueden constreñir la médula superior con compresión ósea, dural o fibrosa. Esta invasión de la médula a este nivel produce una variedad de quejas clínicas y hallazgos que a menudo son difíciles de interpretar. La inestabilidad de la columna cervical superior puede ser el resultado de alteraciones congénitas, traumáticas, inflamatorias o neoplásicas del mecanismo de enclavamiento del atlas y el axis. Factores como la pérdida de la integridad estructural de la dorsal o el estiramiento o desgarro del ligamento transversal pueden permitir la inestabilidad con afectación de la médula. Debido al grave potencial de estas lesiones, los pacientes con anomalías del atlas y el axis requieren un reconocimiento y tratamiento rápidos.

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